
Teresa Romano
María Teresa Romano nació el 23 de abril de 1953 en Montevideo, en el barrio Sayago, muy cerca de Facultad de Agronomía. Actualmente vive en Montevideo rural, en la zona de Cuchilla Pereira, junto a su esposo.
Infancia y trayectoria educativa
Teresa recuerda que desde muy chica tuvo contacto con la tierra y los cultivos. Su abuelo paterno, Carlos —italiano de origen—, sembraba siempre en el gran terreno que tenía, y ese vínculo con la producción formó parte de su vida cotidiana. En su casa nunca faltaban las acelgas para los ravioles de su abuela, que, como buena italiana, se preparaban todos los domingos.
Sus orígenes familiares no provienen del medio rural, “pero sí de una familia que plantaba para el consumo, papá realizaba además plantines y los vendía en la feria. Creo que de ahí viene mi gran amor por el trato con el público y estar después siempre integrada a grupos”.

Teresa realiza tareas de cuidado y trasplante de plantines en invernadero.

Teresa junto a su familia.
“Tuve una niñez muy bonita, rodeada de mis abuelos, a los que disfruté muchísimos años porque fallecieron con casi 90 años. Tengo tres hermanos, dos mujeres y un varón, el más chico. Yo soy la mayor de los cuatro. Mi padre era tornero y mamá se encargaba de las tareas del hogar.
En la familia éramos muchas primas, muchos tíos, todos muy unidos. Las reuniones familiares eran numerosas y siempre estaban acompañadas por la música: un tío tocaba la guitarra y yo disfrutaba cantar. Al recordarlo, se me escapa alguna lágrima, pero es de alegría, porque fue una etapa muy feliz de mi vida. Mis abuelos fueron referentes fundamentales; ellos me brindaron sus consejos sabios, que tal vez en la adolescencia no siempre se valoran, pero que con el tiempo revelaron toda la sabiduría y el cariño con que fueron transmitidos”, cuenta Teresa.
Comenzó la educación primaria en la Escuela N° 99 Juana de Ibarbourou, ubicada en Camino Ariel, en Sayago. Cuando Teresa tenía 10 años, su papá culminó de construir la casa en Las Piedras (Canelones) y se mudaron allí. “Mi papá hizo mucho sacrificio para que tuviéramos nuestra casa, donde aún vive, con sus 96 años. Para mí fue un cambio importante, por suerte mis primas vivían cerca y concurrimos a la misma escuela pública en El Dorado, cercano a la ciudad de las Piedras”.
A los 12 años, inició el liceo y cursó hasta cuarto año en el Liceo N° 1 Manuel Rosé de Las Piedras. “Tengo muy gratos recuerdos de esa etapa de mi vida y aún hoy tenemos un grupo de compañeros que una vez por mes nos reunimos a merendar, además de un grupo de WhatsApp, donde disfrutamos de lo cotidiano de cada uno de nosotros. Una etapa donde mamá nos cuidaba y nos hablaba mucho, en un contexto en el que empezaban a conocerse hechos graves que ocurrían en las calles y en las inmediaciones de los liceos. Fue una etapa compleja, marcada por el período en que nuestro país se encontraba bajo mandos militares. Esa situación condicionó mis posibilidades de continuar estudiando; me hubiera gustado formarme como docente. Esa etapa me marcó profundamente, especialmente por los miedos que la atravesaron. No sé si mi vida habría sido mejor o diferente al contar con una profesión, pero sí me hubiera gustado seguir estudiando”, reflexiona.
Cursó quinto y sexto año en el Liceo Nº 9 de Colón; si bien llegó hasta sexto, no culminó ese grado. Fue en esa etapa cuando conoció a su esposo, Rubén, quien también estudiaba en el turno nocturno. Su familia tenía una quinta en Montevideo rural, lugar donde hoy continúan viviendo.
La familia y el trabajo en el predio
A los 22 años, Teresa se casó con Ruben, y pasó a vivir en el campo.
“La familia de su esposo siempre estuvo vinculada a la zona de Cuchilla Pereira, en Montevideo rural, donde él se crió. Eran productores frutihortícolas: tenían manzanos, perales, limoneros.
Con el tiempo, y al convivir dos familias en la quinta, ampliaron la producción y comenzaron a plantar más variedades, comercializando en el Mercado Modelo, en puestos, feria, además de tener un reparto para vender la producción.
Teresa comenta que “los domingos se hacía la feria en Las Piedras, la que aún hoy realizamos, pero con otro rubro. Mi tarea era seleccionar el tomate y encajonarlo, al igual que la lechuga, en un trabajo que siempre se realizaba en familia.
En medio de toda esa actividad y aún sin hijos, estudió para educadora preescolar y, junto a una amiga, abrió una guardería en La Paz, Canelones. “La docencia fue siempre una vocación presente en mi vida. Me dediqué a esa tarea durante dos años, hasta que en 1981 nació Diego, mi primer hijo; luego nacieron Sebastián y Viviana y aunque el trabajo en la quinta quedó un poco relegado para dedicarme a la maternidad, aunque en los momentos de cosecha siempre daba una mano”, señala.
En 1985 comenzaron a plantar frutillas, a partir de unas plantas que les habían regalado, conocidas como “caseritas”, de fruto pequeño. Con el tiempo, se fueron asesorando sobre el cultivo y dieron paso a plantas importadas. De a poco, la frutilla se convirtió en el cultivo más importante de la quinta y, año a año, intentaron ampliar la plantación. Su cosecha demandaba mucho trabajo y mano de obra, por lo que los hijos mayores también colaboraban los fines de semana. “Fue un cultivo que nos dio muchas satisfacciones. Con mi marido siempre estuvimos en contacto con grupos de productores. Participamos de varios proyectos que nos permitieron mejorar la infraestructura de nuestro trabajo. Al mismo tiempo, participaba activamente en la escuela a la que mis hijos, integrando la Comisión Directiva. El trabajo en grupo y la participación colectiva siempre estuvieron presentes en mi vida”, enfatiza.
Además de las tareas en el campo y en las instituciones en las que participa, Teresa se dedica algunos días a cuidar a sus dos nietos, Agustina y Vicente, “dos verdaderos solcitos que me regaló la vida. Los disfruto siempre que puedo, porque cada momento con ellos es un tesoro”.
Sigo haciendo feria, aunque ahora vendiendo plantas ornamentales, porque me gusta lo que hago y me hace bien. Y mientras mi físico y mi mente me acompañen, seguiré participando en mi organización, con la misma convicción y entusiasmo de siempre”.
“El trabajo en grupo y la participación colectiva siempre estuvieron presentes en mi vida”.
El trabajo colectivo

Grupo de Mujeres de la Comisión Fomento Rural Colonia Miguelete.
En el año 2013 comenzó a trabajar en un colectivo de productores y productoras de la zona de Cuchilla Grande, Cuchilla Pereyra y Grupo Varzi, de Montevideo Rural, conformando el grupo Las Cuchillas.
Teresa explica que “comenzamos a juntarnos a trabajar, pero también con el grupo Las Cuchillas empezamos a ver la posibilidad de tener una organización en territorio. Fue un largo proceso, pero con la ayuda de la Comisión Nacional de Fomento Rural se logró reflotar una Comisión Fomento que hacía tiempo estaba inactiva. El camino hacia constituir una organización fue largo, con muchas reuniones. Sabíamos que, si no nos juntábamos, no podíamos lograr nada. Y así, paso a paso, llegamos a un acuerdo con la conjunción de las tres zonas, teniendo los mismos fines. En 2018 quedó habilitada la Comisión Fomento Rural Miguelete y Mendoza; a partir de ello, se abrieron muchas puertas, proyectos, talleres, cursos, reuniones con la institucionalidad, participación en la Mesa de Desarrollo, de la REAF.
Paralelamente a ese proceso, Teresa y otras mujeres de la zona conformaron el grupo de mujeres de la organización, con muchas expectativas e ilusiones de juntarnos y disfrutar de nuestros momentos”.
“El camino fue largo, pero paso a paso logramos construir nuestra organización. Sabíamos que, si no nos juntábamos, no podíamos lograr nada”.
Hoy día, la organización logró tener una sede, “reunirnos en ese lugar nos da identidad, saber que hay un espacio de reunión, de convocar a los vecinos a que se acerquen y brindarles soluciones”. Entre algunas de las actividades que ha realizado, Teresa destaca: la presencia de representantes de DIGEGRA para hacer la Declaración de Productor Familiar, talleres de comunicación, de igualdad de género, reunión con la alcaldesa para ver la realidad de esa zona rural, elaboración de proyectos de mujeres, reuniones con los técnicos y reuniones de seguridad rural con el Comando del Ministerio del Interior. “Costó mucho levantar esa casa porque estaba muy deteriorada, pero lo estamos logrando. Fue un gran cambio, todo para bien”, relata.

Reunión del Grupo Las Cuchillas. Fuente: www.gub.uy/mgap.

Reunión de socios de la CFR Miguelete y Mendoza.
En cuanto a los cargos que ha ocupado en la organización, Teresa explica que: “cuando conformamos la Comisión de Fomento Rural, fui elegida secretaria y desempeñé ese rol durante dos años. Posteriormente asumí como vocal y, en el tercer período, volví a ocupar la secretaría. Desde hace casi dos años, tengo el honor de ejercer la presidencia. Siempre tomé con mucha responsabilidad estar en la Comisión Directiva. Me siento muy cómoda, muy apoyada”. Menciona que, en el período actual han logrado la incorporación de nuevas personas asociadas y que la masa social se acerque más a la organización. Cuando se dan charlas abiertas, también participan otras personas de la comunidad. Por su parte, los/as asociados, se han comprometido con la realización de trabajos en la sede, para refaccionarla. “Me siento muy orgullosa de este último período, porque se han logrado muchísimas cosas: poner la luz, el agua, internet, se arregló el baño y la cocina. Es maravilloso lo que se ha logrado y yo me siento muy feliz por eso y por tener compañeros/as comprometidos con la organización”.
“Apoyarnos en las organizaciones nos ayuda a afrontar los desafíos de la producción”.
Teresa es consejera de Comisión Nacional de Fomento Rural e integra la Comisión de Mujeres referentes del Sistema de Fomento Rural. Además, es delegada por la Comisión Fomento Rural Miguelete y Mendoza en la Mesa de Desarrollo Rural de Montevideo y ha participado de la REAF. Desde diciembre 2025 integra la Mesa Ejecutiva de la Comisión Nacional de Fomento Rural, ocupando el cargo de segunda secretaria, rol que “estoy dispuesta a cumplir con compromiso y responsabilidad”.

Su vínculo con la CNFR
Reunión de la Comisión de Mujeres referentes del Sistema de Fomento Rural.

Mesa Ejecutiva de CNFR.
Su mensaje para las mujeres de la producción agropecuaria familiar:
“El mensaje que les dejo es que se acerquen a las organizaciones, que formen parte de los grupos o, si no hay, que se animen a formarlos y agruparse. Todo es más fácil el estar conectadas, siempre se encuentran soluciones a los problemas que surjan. Ese espacio nuestro es tan importante, las experiencias lo dicen. El producir está difícil, pero es lo que sabemos hacer; por lo tanto, apoyarse en las organizaciones nos ayuda, nos apuntala y nos enteramos de todo. ¡Anímense, no se queden aisladas!”.
